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NO ME ACOSTUMBRO

LEONARDO RUIZ DEL CASTILLO Es un hecho que no me acostumbro a situaciones graves y extremas de las personas, a pesar del trabajo que tengo y de las realidades por las que paso día a día. La muerte de un ser humano, independientemente de su situación personal, me sigue conmoviendo y me afecta profundamente; cualquiera de las personas que atendemos en Cáritas a diario, para mí no son una más, sino que son Pedro, María o Julia. Y si esa persona fallece por enfermedad evitable y, además es joven, me invade un hondo pesar y me siento culpable, junto con la sociedad que hemos creado, de ese hecho. Porque no hemos sabido llegar al hermano para evitar lo que después será inevitable.
Sólo tenía 38 años. Residía en una de nuestras casas de acogida y, en este caso, para enfermos de VIH. Tenía familia que le quería y estaban rotos de dolor el día de su entierro. Él se sintió tan acogido, tan bien atendido y recibiendo tanto amor en aquella casa que prefirió seguir en ella hasta su último momento. Pero es que todas las personas, voluntarias y contratadas le querían y apreciaban, además de sus propios compañeros y compañeras de la casa. Estuvieron con él hasta el final, arropándolo y dándole los ánimos y el cariño que recibía a lo largo de los numerosos meses y días anteriores. Y estuvieron también dándole el último adiós; con lágrimas en sus ojos y compartiendo el hondo pesar de su madre, sus hermanos... su familia. Ya descansaste, amigo; pero has dejado en todos nosotros una profunda huella de bondad y nunca olvidaremos tu paso por la Casa-Sol (como se llama y que pocos conocen ese nombre). Es difícil entender los motivos que te llevaron a abocar en esa situación; nunca los preguntamos pero algunas veces, espontáneamente, nos los decís. Respetamos vuestra intimidad y en muchos casos desconocemos esa trayectoria de desenfreno y euforia que inevitablemente lleva a la persona al desenlace fatal más pronto que tarde.
Querido amigo, 38 años es tan poco tiempo de vida que se me hace cuesta arriba, a mis más de 65, entender que esa juventud se interrumpa bruscamente por decisiones que se toman y que nadie nos ha dicho las consecuencias trágicas que acarrean. Tú sí trataste de inculcar a otros los resultados negativos que ese estilo de vida producen y, con tus palabras, supiste sensibilizarles.
Cuando se producen este tipo de muertes por la causa que nos ocupa y por otras, nos viene a la mente que debería servir para concienciar a otros de que hay que hacer algo para evitarlas. Hoy sólo pido que de verdad inculquemos y demos a conocer estas situaciones extremas; y, si con ello evitamos una sola muerte más, nos daremos por satisfechos. Es lamentable, querido amigo, que sea así pero estoy seguro de tu satisfacción porque tu muerte sirva para algo más que para lamentarnos. Descansa en Paz, no te olvidaremos.

 

 

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