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1 DE DICIEMBRE
“DÍA MUNDIAL DE LA LUCHA CONTRA EL SIDA”

CÁRITAS DENUNCIA LA
SITUACIÓN DE EXCLUSIÓN SOCIAL DE LOS
ENFERMOS DE VIH-SIDA

La exclusión social a causa del VIH supone la violación de los derechos humanos esenciales de las personas que viven o padecen la enfermedad, consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos, suscritos y ratificados por la inmensa mayoría de los países del mundo (el derecho a la vida, a la salud, a la igualdad, al trabajo y a la educación).
Cáritas declara que el VIH/SIDA no afecta de la misma manera a las personas de distinta condición socioeconómica. En el caso de los ya excluidos por otras razones (población desarraigada, sin techo, con problemas de drogadicción, etc.), produce una estigmatización de la enfermedad que amplia la exclusión del enfermo a los  espacios laborales, e incluso sanitarios y familiares.

 

En 1998 la Asamblea General de la ONU  expresó su profunda preocupación por el hecho de que el VIH/SIDA había adquirido proporciones de pandemia. Por ello la Organización Mundial de La Salud declaró el 1 de diciembre “Día Mundial de la Lucha contra el SIDA”.  
En la actualidad, más de 41 millones de personas en el mundo están afectadas de VIH/SIDA. Combatir esta enfermedad, junto a otras como la malaria, se ha convertido en uno de los famosos Objetivos de Desarrollo de la ONU para el Milenio, de modo que para 2015 los Estados Miembros de la Organización se han comprometido a cumplir estos objetivos. Es por ese motivo que el lema de la Campaña Mundial contra el SIDA 2005-2010 es:  DETENER EL SIDA, MANTENER LA PROMESA.
Desde Cáritas hemos podido comprobar que las personas que padecen VIH/SIDA se encuentran inmersas en un círculo cerrado que, si NO se rompe gracias a la solidaridad y al apoyo social, puede convertir esta enfermedad en estigma social; los enfermos son tratados como lo eran los leprosos en la antigüedad, son señalados y apartados de la sociedad por miedo al contagio.
Pero hay que destacar que el VIH no afecta de la misma manera a las personas de distinta condición socioeconómica. Nuestra sociedad tiene una marcada tendencia a “castigar” más a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Se produce, entonces, una “sobre-exclusión”, pues se excluye a los que ya han sido rechazados por otras razones: población desarraigada, sin techo, con problemas de drogadicción, etc. Hay informes que revelan que la pobreza y el analfabetismo son dos factores que tienden a elevar el riesgo de adquirir ciertas enfermedades, entre ellas el VIH/SIDA.
En 1995 surgió una iniciativa de un grupo de personas vinculadas al sistema sanitario, ya que la mayoría de estos enfermos morían en los hospitales, para darles un trato más adecuado. Un año después, Cáritas Diocesana de Tenerife puso los medios de trabajo necesarios para que este proyecto saliera adelante. Así nació la “Casa SOL – Proyecto Lázaro”, con capacidad para doce usuarios, cuyo principal objetivo era atender y cubrir las necesidades básicas de los enfermos de SIDA hasta que murieran.
Pero con el cuidado y la atención adecuados, hay enfermos que mejoran su salud y estabilizan sus situaciones de dependencia a las drogas. Entonces se hizo necesario crear líneas de intervención que permitieran que el usuario de nuestro proyecto fuera cada vez más autónomo, y se empezaron a trabajar las habilidades sociales y laborales de cara a una integración social plena de la persona enferma. Todo ello en coordinación con entidades privadas y gubernamentales en materia sanitaria, de drogodependencias, etc.
Actualmente cada usuario de nuestro Proyecto tiene un proceso individualizado de intervención en el que se consideran tres dimensiones básicas: recuperación física, recuperación psíquica y personal y reinserción social y laboral.
Pero destacamos que la “Casa Sol – Proyecto Lázaro” de Cáritas Diocesana de Tenerife es el único centro de acogida, público o privado, que existe en Canarias para enfermos de VIH/SIDA,  con un promedio de 30 personas atendidas al año.
No podemos olvidar que hablamos de una enfermedad en la que lo fundamental es la prevención primaria. Pero una vez que la persona se ha infectado, surgen problemas de adaptación, ansiedad, depresión, aislamiento social e incluso suicidio. Es por ello que no basta con un simple tratamiento médico. Al derivar en progresiva cronificación del enfermo, aparecen déficits neurológicos y destacables aspectos psicopatológicos: sentimiento de culpa, ira, frustación y miedo, debido al deterioro físico y a la progresiva minusvalía que les impedirá realizar actividades cotidianas para derivar en la infección y en la muerte y, sobre todo, al abandono y al rechazo social debido al estigma que pesa sobre el SIDA.
En nuestro Proyecto hemos observado este rechazo a las personas portadoras del VIH: apenas tienen visitas, han sufrido falta de asistencia clínica, evitan el contacto físico con el enfermo y se les recrimina por haber contraído el virus.
A pesar de los cambios en las nuevas estrategias sociales y de tratamiento, el SIDA sigue siendo una enfermedad maldita y con un desenlace fatal. El abandono del enfermo por su entorno, incluso por el familiar, continúa fomentando su exclusión social y muchos de ellos mueren solos.

 

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