Análisis y reflexión13/07/2026

La gran familia que el Señor me regaló

Han sido años intensos, de trabajo compartido, de búsquedas, de dificultades y también de muchas esperanzas sembradas en medio de nuestros pueblos y comunidades

Querida familia de Cáritas Diocesana de Tenerife:

Al acercarse el mes de septiembre y concluir mi servicio como Delegado Episcopal de Cáritas Diocesana, siento la necesidad de dirigirme a todos ustedes con el corazón lleno de gratitud. Han sido años intensos, de trabajo compartido, de búsquedas, de dificultades y también de muchas esperanzas sembradas en medio de nuestros pueblos y comunidades. Al mirar atrás, solo puedo reconocer que el Señor ha sido bueno con nosotros y que, a través de tantas personas concretas, ha seguido haciendo visible su amor preferencial por los pobres.

En estos días resuena con fuerza en mí aquella palabra del Evangelio: «Tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber» (Mt 25,35). Esa ha sido siempre la razón profunda de Cáritas: no una estructura social, ni una organización asistencial, sino el rostro misericordioso de la Iglesia que sale al encuentro de quien más necesita esperanza, escucha y dignidad. Por eso, aunque uno pueda dejar una responsabilidad concreta, de Cáritas —entendida como expresión viva de la caridad de la Iglesia— nunca se sale del todo. En Cáritas se entra como servidor; pero de Cáritas se permanece siempre desde el Evangelio y desde el compromiso con los hermanos.

Agradecimientos

Quiero agradecer sinceramente al Sr. Obispo Don Bernardo Álvarez la confianza que depositó en mí para desempeñar esta misión. Y junto a ello, deseo acoger con alegría y afecto a D. Jorge Concepción Feliciano, nombrado nuevo Delegado Episcopal de Cáritas Diocesana por nuestro Obispo Don Eloy Alberto Santiago. Estoy convencido de que encontrará en esta casa personas generosas, comprometidas y profundamente creyentes. A todos les pido que lo reciban con cercanía y disponibilidad, reconociendo en su servicio la presencia y el envío del Obispo dentro de nuestra institución. Él llega no solo para coordinar una tarea, sino para acompañar eclesialmente una misión que pertenece al corazón mismo de la Iglesia.

Deseo expresar un agradecimiento muy especial al equipo directivo con el que he compartido estos años. Gracias por la entrega silenciosa, por la paciencia en los momentos difíciles, por la capacidad de diálogo y por el amor sincero a los pobres y a la Iglesia. Me alegra especialmente saber que seguirán trabajando, junto al nuevo delegado y las dos nuevas compañeras -Olga y Melania-, aportando experiencia, continuidad y comunión. Las instituciones solo permanecen fecundas cuando las personas saben servir más allá de nombres y etapas concretas.

También quiero agradecer a los trabajadores, voluntarios, sacerdotes, religiosas, comunidades parroquiales y colaboradores que sostienen diariamente la vida de Cáritas. Muchas veces he podido contemplar en ustedes esa “santidad de la puerta de al lado” de la que hablaba el papa Francisco. Y recientemente el Papa León XIV recordaba que «la caridad no es una estrategia pastoral, sino el modo concreto en que Cristo sigue tocando las heridas del mundo». Esa convicción ha sido, y debe seguir siendo, el alma de todo cuanto hacemos.

Pido perdón

Al mismo tiempo, quiero pedir perdón. Seguramente no siempre supe escuchar como debía, ni responder adecuadamente a todas las situaciones y expectativas. Pido disculpas por mis errores, por mis limitaciones y por aquello que haya podido causar dolor o desconcierto. He intentado servir con honestidad y con amor a la Iglesia, aun en medio de mis fragilidades humanas. Confío en que el Señor complete aquello que quedó incompleto y sane aquello que no supe hacer mejor.

Me marcho de esta responsabilidad con serenidad y esperanza. Cáritas seguirá adelante porque no depende de una persona concreta, sino del Espíritu que anima a la Iglesia y de tantas manos generosas que hacen posible el milagro cotidiano de la fraternidad. Les animo a seguir cuidando la comunión, la cercanía a los pobres y la identidad profundamente eclesial de nuestra misión. Nunca olvidemos que los pobres no son destinatarios de nuestra acción, sino hermanos que evangelizan nuestra vida y nuestra fe y a quienes servimos con el amor que nace del Evangelio.

Que María, Madre de los pobres y consuelo de los afligidos, acompañe siempre el caminar de Cáritas Diocesana de Tenerife. Rezo por todos ustedes y les llevo conmigo con enorme cariño y gratitud. Y aunque deje este servicio concreto, seguiré sintiéndome siempre parte de esta gran familia que el Señor me regaló.

Con afecto y bendición,

Juan Pedro Rivero González