Mi viaje a Belén… ¿Me acompañas?
¡Dios se hace carne...!, ¡se hace un niño débil e indefenso...! ¡Se hace un ser humano como tú y como yo! ¡ Hay motivo, aún en las realidades más difíciles con la que nos encontremos, para la ESPERANZA y para el AMOR!
Un año más llega la Navidad…la celebración del nacimiento del niño Jesús. Una fiesta que particularmente me ENCANTA…
Estos días cambio un poco mi rutina. Me sigo levantando tempranito para hacer mi media hora de oración matutina, la diferencia es que muchos días la hago frente al Portal de Belén de casa, que solemos montar, junto con el árbol de Navidad, el 8 de Diciembre, en el puente de la Inmaculada Concepción.
Y allí, en el Portal, soy un personaje más…Si quieres acompañarme te invito a este PRECIOSO viaje…., al viaje del AMOR…del amor HECHO CARNE… Para eso, me ayudo también del Evangelio, de una manera particular, el que narra el evangelista San Lucas. (Lc 2, 1-20)
Un lugar donde dar a luz
Me encuentro en Belén de Judá, en tiempos del emperador Augusto, hace ahora 2025 años; voy vestido con los trajes de la época y veo a un hombre que lleva a su esposa, embarazada, subida en una mula… Es José…, de la tribu de Judá, del linaje de David… Y la mujer es una chica judía jovencita, de nombre María.
Les voy acompañando… ¿Dónde irán? Van buscando posada donde ella pueda dar a luz… Espero que encuentren pronto lugar, se hace de noche, hace frío y ella está ya de parto. Le escucho algún gemido de dolor, deben ser las contracciones…
Tocan en una puerta…y le dicen que no tienen habitación donde poder quedarse. Tocan en otra y no quieren saber de ellos. Un casero, grotesco, le suelta, ¡ Aquí no hay nada…! ¡Lárguense…! Pero qué persona…, qué falta de caridad. ¿No vé que está encinta…? ¿Por qué ese rechazo…? ¿ No observa que lleva a un niño en sus adentros…?
Hoy en día, no hemos cambiado mucho. Tantas veces que no acogemos, que somos indiferentes y descorazonados ante la necesidad de nuestro prójimo… Y qué decir del niño Dios. No queremos saber de él, lo rechazamos y le cerramos las «puertas» de nuestro corazón…
Luego escucho a José, que le dice a su esposa, con cara de disgusto: «Allí hay un establo de vacas…». Y a continuación le oigo: «Lo siento María, no hay otro lugar…». Y en eso salto yo y le digo: «¿José, cómo va a ser eso…? Está lleno de microbios y de suciedad. «Además, como diría mi hija que tiene 10 años, cuando está en un lugar que huele mal…, con perdón de la expresión, «aquí huele a culo», y ciertamente apesta. Pero José me mira, como diciendo…, ¿qué puedo hacer…?
Indiferencia social
Hoy en día, no es muy diferente,. Tanta gente que vive en la miseria, que le falta hasta lo necesario. Y esto, personalmente, también me interpela. ¿Qué podría hacer yo? ¿Qué «granito de arena», como José, podría poner para mejorar esta situación?
Y en eso veo unos pastores, que están allí velando con sus rebaños de ovejas. Son personas sencillas y humildes, … y entonces surge una luz brillante y una voz de la que se escucha: «Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2, 11). Y se llenan de una inmensa ALEGRÍA…
Sólo los pastorcillos, los pobres de espíritus, los sencillos y humildes, son capaces de reconocer al niño Dios…
Y nos aproximamos al establo… y ¡Ay…! ¡Ay…!, ¡Ay…! vemos a María dando a luz… ¿Cómo es posible…? ¿Y en un establo, lleno de porquería…?
Qué HUMILDAD más GRANDE… Qué AMOR más DESPROPORCIONADO tiene Dios ante sus criaturas. Un Misterio Divino; un misterio insondable. ¡Dios se hace carne…!, ¡Se hace un niño débil e indefenso…! ¡Se hace un ser humano como tú y como yo! ¡ Hay motivo, aún en las realidades más difíciles con la que nos encontremos, para la ESPERANZA y para el AMOR!
Y me acerco, me acerco cuidadosamente y me pongo en la piel de un simple pastorcillo, y le digo tembloroso: «Niño Jesús…, Niño Dios…, no tengo nada, nada soy, lo único que te puedo ofrecer es mi pobre corazón…¡TÓMALO, TÓMALO, TUYO ES, MÍO NO…!»
¡FELIZ NAVIDAD…!



