Proyecto “Ben”: un hogar para empezar de nuevo
Cáritas Diocesana de Tenerife apuesta por la acogida comunitaria para acompañar a jóvenes migrantes que quedan fuera del sistema de protección y construir, junto a la ciudadanía, nuevas oportunidades de inclusión
Cuando un joven migrante cumple la mayoría de edad y abandona el sistema de protección, comienza una de las etapas más difíciles de su recorrido. Sin una red familiar, con frecuencia en situación administrativa irregular y con enormes dificultades para acceder a una vivienda, al empleo o a recursos básicos, muchos de ellos quedan expuestos a procesos de exclusión social y sinhogarismo.
Con el objetivo de ofrecer una respuesta a esta realidad nace nuestro proyecto “Ben”, un recurso de acogida comunitaria que busca acompañar a estos jóvenes en la construcción de un proyecto de vida autónomo, al tiempo que promueve una implicación activa de la sociedad en los procesos de inclusión.
La realidad migratoria
Ubicado en Santa Cruz de Tenerife, el proyecto surge tras una reflexión de la entidad sobre la realidad que viven los jóvenes migrantes al abandonar el sistema de protección, así como del impulso de Cáritas Española en el marco de la convocatoria PSAI. Gracias a esta financiación, durante 2025 se desarrolló la fase preparatoria del mismo, con la adecuación de una vivienda y la formación del equipo de voluntariado que participa en el acompañamiento a los cuatro jóvenes que actualmente residen en él: Mouha, Babacar, Mutarr y Abdou. Todos llegaron por vía marítima, en cayucos que desembarcaron en Lanzarote, El Hierro y en el puerto tinerfeño de Los Cristianos. Tres de ellos proceden de centros de menores y dos ya han completado su proceso de regularización.
El nombre del proyecto no es casual. “Ben” significa “hijo de” en amazigh, lengua de los pueblos originarios del norte de África y también vinculada a la historia de Canarias. Una denominación que simboliza el sentido de pertenencia, la identidad y la construcción de nuevos vínculos para quienes llegan solos al Archipiélago.
Mucho más que un alojamiento
El alojamiento constituye únicamente el punto de partida de una intervención mucho más amplia. Como explica Arancha Méndez, responsable del Programa de Movilidad Humana de Cáritas Diocesana de Tenerife, “no es un recurso al uso, pues la comunidad tiene un papel protagonista”. “Es decir, no se trata de un simple piso tutelado. Movilizamos a las parroquias del Arciprestazgo de Santa Cruz de Tenerife, porque la puerta de entrada a Cáritas es la parroquia. Y no trabajamos al margen, sino que buscamos implicar a toda la comunidad cristiana”.
Así, cada participante cuenta con un itinerario individualizado que combina el acompañamiento profesional en ámbitos como el trabajo social, la educación, la atención psicológica y el asesoramiento jurídico, con el objetivo de facilitar su regularización administrativa, el acceso a la formación y al empleo y el desarrollo de competencias para la vida independiente.
Al mismo tiempo, el proyecto garantiza la cobertura de necesidades básicas como alimentación, higiene, transporte, farmacia o vestido, permitiendo que los jóvenes puedan concentrar sus esfuerzos en reconstruir su futuro desde unas condiciones de vida dignas.
La comunidad como protagonista
Uno de los aspectos más innovadores de “Ben” reside en el papel que desempeña la comunidad. Frente a otros modelos centrados exclusivamente en la atención profesional, este proyecto incorpora un amplio equipo de personas voluntarias que acompañan a los jóvenes en su día a día, favoreciendo la creación de vínculos personales y el conocimiento mutuo. Como relata una de ellas, Nieves, supone “una oportunidad, un reto y un aprendizaje”. “El proyecto me ha permitido conocer la complejidad de la realidad migratoria, sus dificultades y sus injusticias”.
Una opinión que suscribe Alberto, quien deja claro que estar aquí “es una forma de romper prejuicios, porque son personas que solo quieren cumplir sus sueños, a pesar de que tengamos culturas diferentes”.
A las 15 personas voluntarias que participan en el proyecto se les proporcionó formación para que acompañaran a los chicos, no solo en sus inquietudes vitales, sino para que propiciaran una integración en el barrio, en la comunidad. Para lograrlo, como sostiene Arancha Méndez, “era una condición indispensable que la casa tuviera sabor de hogar. Pero, más aún, lo era pensar en que la estancia no fuera de seis meses o de un año, sino “algo más pausado, con mirada a futuro, de larga estancia”.
Algo en lo que insiste otra de las voluntarias, Andrea, quien explica que lo más bonito de “Ben” para ella es, precisamente, “la convivencia entre los chicos”, “y también con las personas voluntarias, porque cada uno tiene su forma de vivir tan distinta, y a pesar de todo se ha podido construir una comunidad”. “Montamos una casa que soñábamos que fuera un hogar, que ahora ya tiene nombres e historias y que han pasado a formar parte importante de nuestras vidas”. Este acompañamiento cotidiano se complementa con actividades comunitarias, espacios de encuentro entre vecinas y jóvenes, así como acciones de sensibilización dirigidas a fomentar una cultura de acogida y convivencia intercultural.
El proyecto parte de la convicción de que la inclusión no depende únicamente del acceso a recursos, sino también de la existencia de una comunidad capaz de generar relaciones de confianza, combatir prejuicios y construir oportunidades compartidas.
Un modelo basado en derechos
“Ben” fundamenta su intervención en un enfoque de derechos humanos y en una comprensión estructural de la exclusión social, en línea con los diagnósticos del último informe FOESSA para Canarias, que pone de manifiesto las dificultades que afronta la población joven migrante para acceder a la vivienda, al empleo o al pleno ejercicio de la ciudadanía.
En este sentido, los objetivos del programa pasan por garantizar unas condiciones de vida dignas, favorecer la autonomía personal, facilitar procesos individualizados de inclusión social y promover la convivencia intercultural mediante la implicación del voluntariado y de la comunidad.
“Durante nueve meses estuve en la calle, hasta que me encontré con Cáritas”, relata Mouha, que llegó a Canarias en 2023 con 16 años. Ahora tiene 19 y, en septiembre, entrará a un instituto de La Laguna. Con con una meta: “Quiero ser soldador”. El equipo que le acompaña pudo renovar ‘in extremis’ su permiso de residencia y ahora todo parece allanado. “Cuando hablo con mi familia, ellos están tranquilos porque saben que estoy en buenas manos. Solo me insisten en que me porte bien”, recalca.
La aspiración del proyecto va más allá del acompañamiento de estos cuatro jóvenes. “Ben” pretende convertirse también en una herramienta de transformación social capaz de fortalecer el tejido comunitario, prevenir el racismo y demostrar que la acogida es una responsabilidad compartida. Porque, en ocasiones, un hogar no es solo un lugar donde vivir. También puede ser el primer paso para volver a empezar.



